(CNN) - El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezarÃa a aplicar medidas mucho más duras a los principales socios comerciales de su paÃs.
Su gobierno podrÃa imponer grandes impuestos sobre los envÃos de acero desde otros paÃses, alegando que representan un riesgo para la seguridad nacional. Los precios podrÃan subir tanto como Trump lo desee y eso fácilmente desencadenarÃa represalias por parte de otros paÃses, perjudicando a otras industrias estadounidenses.
"Esta puede ser la decisión comercial más importante que hemos visto en décadas", aseguró Edward Alden, alto miembro del Consejo de Relaciones Exteriores. "Es extremadamente significativo".
Un trabajador chino carga tubos de acero a un camión en el centro de logÃstica de Lianyungang, provincia de Jiangsu, en noviembre del 2016. (Crédito: STR/AFP/Getty Images)
Se espera que el secretario de Comercio, Wilbur Ross, anuncie los resultados de una investigación sobre las importaciones de acero. Los expertos en comercio y los inversionistas de Wall Street están convencidos de que es una conclusión inevitable: los aranceles están llegando. Es sólo cuestión de qué tan altos serán y contra quién.
Canadá, México, Brasil, la Unión Europea y Japón están entre los principales exportadores de acero a Estados Unidos. China, a la que Trump ha criticado por mentir sobre los precios del acero, ocupó el puesto once el año pasado, y los expertos en comercio dicen que es un objetivo probable.
Una pregunta clave es si el gobierno de Trump impondrá un impuesto sobre el acero de todos los paÃses o si lo dirigirá a paÃses especÃficos.
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Otra cuestión importante es si los paÃses tomarán represalias con sus propios aranceles sobre los productos estadounidenses, incluso fuera de la industria siderúrgica: una guerra comercial que podrÃa costarle empleos a EE.UU.
Esa posibilidad tiene bajo alerta a los defensores de los agricultores estadounidenses. La industria agrÃcola del paÃs envÃa una cuarta parte de sus productos a otros paÃses.
"Es un gran negocio, y estamos muy preocupados por esto", explicó Bob Young, economista jefe de la Federación de Oficinas AgrÃcolas de Estados Unidos (AFBF, por sus siglas en inglés), que representa a seis millones de agricultores. "El potencial está ciertamente allà para que otros paÃses tomen represalias", insistió.
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Un funcionario del Departamento de Comercio aseguró que las empresas estadounidenses deberÃan "estar seguras de que el secretario Ross adopta un enfoque metódico y razonado en todas las recomendaciones que le hace al presidente".
Una ley de 1962 le permite a Ross eludir un panel independiente de jueces de comercio de Estados Unidos y decidir él mismo sobre los impuestos al acero. Y al invocar la seguridad nacional, el gobierno de Trump tiene amplios poderes para determinar qué tan grandes y amplias serán los aranceles.
El gobierno sostiene que Estados Unidos depende demasiado del acero extranjero para el equipamiento militar y las obras de infraestructura como carreteras y puentes. Si las naciones productoras de acero deciden ponerse en contra del paÃs, el argumento es que EE.UU. no serÃa capaz de construir tanques y otros elementos esenciales para defenderse.
La industria automotriz estadounidense es uno de los mayores compradores de acero extranjero y se opone a los aranceles. El Consejo Estadounidense de PolÃtica Automotriz (AAPC, por sus siglas en inglés), que hace cabildeo para General Motors y Ford, advirtió en mayo que extender los impuestos sobre el acero significarÃa que "se perdieran los empleos del sector automotriz estadounidense".
Pero los lÃderes de la industria siderúrgica han animado a Trump a ir por los competidores extranjeros.
Barbara Smith, presidenta de Commercial Metals Company, productora de acero de Texas, sostuvo en mayo pasado durante una audiencia en el Departamento de Comercio que su compañÃa ha cerrado 30 sucursales en Estados Unidos desde 2008 y despidió a 4.000 trabajadores debido a la competencia extranjera. La empresa tiene hoy cerca de 8.400 empleados.
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Los altos precios del acero estadounidense y el aumento de la competencia extranjera han provocado una gran caÃda en los empleos del sector en el paÃs. Hay cerca de 385.000 trabajos actualmente, en comparación de los 624.000 que se registraron en 2000. Éstos son empleados a los que Trump prometió proteger como candidato.
Los defensores del acero estadounidense acusan a China de vender el producto a precios inferiores del promedio mundial para evitar la competencia estadounidense. Eso se conoce como dumping.
El gobierno de Barack Obama impuso el año pasado un arancel del 500% sobre el acero chino para combatir la práctica. Las exportaciones chinas de acero a Estados Unidos cayeron casi dos tercios como resultado de esa medida. En total, Estados Unidos ha impuesto unas 200 medidas antidumping contra los productos siderúrgicos chinos a lo largo de los años.
China también ha sido acusada de enviar acero a través de un intermediario para disfrazar su procedencia. Las compañÃas estadounidenses señalan que las exportaciones de acero de Vietnam a Estados Unidos aumentaron casi 300% sólo entre 2015 y 2016. El gobierno de Obama abrió una investigación sobre el tema en noviembre pasado.
Si Trump impone aranceles, la Organización Mundial del Comercio (OMC) podrÃa considerarlos una violación de las leyes comerciales mundiales, lo que permitirÃa a otros paÃses demandar ante un tribunal de la misma entidad. Los expresidentes han seguido las disposiciones de la OMC, pero el equipo comercial de Trump ha dado señales de que puede ignorar las decisiones de la entidad.
Mientras tanto, el riesgo de represalias serÃa alto.
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Young asegura que los empleos en Estados Unidos podrÃan estar en riesgo. Él sostiene que los chinos aumentarÃan con facilidad los aranceles a la soja estadounidense, una de las mayores exportaciones del paÃs norteamericano a China. Hay cerca de 300.000 granjas de soja en Estados Unidos.
Algunos lÃderes mundiales ya están poniendo a Trump sobre aviso.
"Nos golpeará muy duro", afirmó Cecilia Malmstrom, comisionada de Comercio de la Unión Europea, en un evento polÃtico la semana pasada. "Tendremos que responder de diferentes maneras".