Nota del editor: Este texto lo escribe Amy-Jill Levine, especialmente para CNN. Ella es autora de 'Short Stories by Jesus: The Enigmatic Parables of a Controversial Rabbi' y profesora del Nuevo Testamento y Estudios JudÃos en la Universidad de Vanderbilt. Las opiniones aquà expresadas le pertenecen.
(CNN) - Una vez se dijo que "la religión está diseñada para consolar a los afligidos y afligir a los cómodos".
Las parábolas de Jesús –cuentos cortos con lecciones morales– también fueron diseñadas para afligir, para atraernos pero dejarnos algo incómodos. Estas enseñanzas se pueden leer como relatos sobre el amor divino y la salvación, claro. Pero, quienes los escucharon primero –judÃos del primer siglo en Galilea y Judea– captaron mensajes mucho más desafiantes.
Sólo cuando escuchamos las parábolas como lo hizo el propio auditorio de Jesús, podemos experimentar plenamente su poder y sentirnos sorprendidos y retados. Mira estos cuatro ejemplos de las enseñanzas de Jesús que nadie comprende correctamente:
La parábola del hijo pródigo
Esta parábola por lo general se entiende como una historia que demuestra que el 'padre celestial' nos ama sin importan lo bajas de nuestras acciones. Ese es un mensaje adorable, y no quisiera desecharlo.
Sin embargo, no es lo que escucharon los judÃos del siglo I. Ellos ya sabÃan que su padre era amoroso, misericordioso y compasivo. Es Lucas el que escribe un mensaje de arrepentimiento y perdón. Lucas hace un prefacio de la parábola incluyendo dos otras historias: la parábola de las ovejas perdidas y la de la moneda perdida.
El evangelista las concluye con: "Habrá más dicha en el cielo sobre un pecador que se arrepiente que sobre 99 justos que no necesitan arrepentirse".
¿Es realmente ese el tema de las parábolas?
Jesús no hablaba del pecado de las ovejas ni de la codicia del dinero; las ovejas no se sienten culpables y las monedas no se arrepienten. Además, el hombre pierde las ovejas y la mujer pierde su moneda, pero Dios no nos "pierde".
Las dos primeras parábolas no tratan de arrepentimiento y perdón. Se tratan de contar: el pastor notó una oveja que falta de 100, y la mujer notó una moneda desaparecida entre 10.
Y buscaron, encontraron, se regocijaban y celebraron. Al hacer esto, establecieron la tercera parábola. La historia del hijo pródigo comienza: "HabÃa un hombre que tenÃa dos hijos ...".
Si nos centramos en el hijo pródigo, escuchamos mal la introducción. Todo judÃo bÃblico sabrá que si hay dos hijos, hay que prestar atención a los más jóvenes: Abel sobre CaÃn, Isaac sobre Ismael, Jacob sobre Esaú, EfraÃn sobre Manasés.
Pero las parábolas nunca son como queremos. No podemos identificarnos con los jóvenes, que "gastaron todo lo que tenÃa en su vida disoluta".
Luego, si vemos nos sorprendemos porque el padre da la bienvenida a casa al hijo menor, estamos escuchando mal de nuevo. Papá simplemente está encantado de que junior haya regresado: se regocija y lanza una fiesta. Si nos detenemos aquÃ, fallamos. El hermano mayor –¿lo recuerdas?– escucha la música y el baile. Papá tuvo tiempo suficiente para contratar a la banda y la comida, pero nunca buscó a su hijo mayor. TenÃa dos hijos, y no contó.
Esta parábola es menos acerca de perdonar y más sobre contar, y asegurarse de que todo el mundo cuenta. ¿A quién hemos perdido? Si no contamos, puede ser demasiado tarde.
La parábola del buen samaritano
Nuestra comprensión habitual de esta famosa historia se desvÃa de varias maneras. Aquà hay dos.
Primero, los lectores suponen que un sacerdote y un levita evitan al herido porque tratan de evitar ser "impuros". Disparates.
Toda esta interpretación hace que la ley judÃa se vea mal. El sacerdote no sube a Jerusalén donde la pureza serÃa una preocupación; él está "bajando" a Jericó. Ninguna ley impide que los levitas toquen cadáveres, y hay muchas otras razones por las cuales la pureza ritual no es relevante aquÃ.
Jesús menciona aun sacerdote y a un levita porque ellos establecieron una tercera categorÃa: israelÃ. Mencionar los dos primeros es invocar el tercero. Si digo, "Larry, Moe ... (de Los Tres Chiflados)" es probable que digas "Curly". Sin embargo, ir de sacerdote a levita a samaritano es como ir de Larry a Moe a Osama bin Laden.
Esa analogÃa nos lleva a la segunda lectura errónea.
La parábola se ve a menudo como una historia de cómo la minorÃa oprimida –los inmigrantes, los gays, las personas en libertad condicional– son "agradables" y por lo tanto debemos revisar nuestros prejuicios. Los samaritanos, en ese entonces, no eran la minorÃa oprimida: eran el enemigo. Lo sabemos no sólo por el historiador Josefo, sino también por Lucas el evangelista.
Sólo un capÃtulo antes de nuestra parábola, Jesús busca alojamiento en un pueblo samaritano, pero se lo niegan. 1 de 12 | La sangre de San Jenaro - Se dice que el recipiente que sostiene aquà el papa Francisco es la sangre seca de San Jenaro. El vial es conservado en la Catedral de Nápoles. Se exhibe tres veces al año para ceremonias de oración, durante las cuales se afirma que se vuelve lÃquida de nuevo. Sin embargo, no siempre lo hace, como en diciembre de 2016, cuando según la leyenda eso predice un desastre en el próximo año. 2 de 12 | La lengua de San Antonio - San Antonio, a quienes los cristianos invocan cuando se les ha perdido algo, está enterrado en la BasÃlica de San Antonio en Padua, Italia. La iglesia también alberga un gran relicario que contiene su lengua. Según la leyenda de la iglesia, cuando el cuerpo de San Antonio fue exhumado años después de su muerte, la mayor parte de su cuerpo se habÃa convertido en polvo. Su lengua, no obstante, estaba viva y húmeda. 3 de 12 | Los huesos de San Pedro - El papa Francisco sostiene una caja, encontrada en una tumba bajo la BasÃlica de San Pedro en El Vaticano, que según la Iglesia contiene los huesos de ese santo. Las reliquias fueron descubiertas en 1940, pero el papa Francisco las exhibió públicamente por primera vez en 2013. 4 de 12 | La Cruz de Cristo - Durante años han surgido incontables supuestos fragmentos de la cruz en la que Jesús fue crucificado. Los historiadores dicen que estas reliquias se pueden rastrear hasta Santa Helena, la madre del emperador Constantino, el primero en convertirse al cristianismo. Se dice que por revelación milagrosa, Helena era capaz de discernir cuáles eran reales. Se dice que dejó una pieza en Jerusalén y se llevó el resto a Europa. 5 de 12 | La Cabeza de Santa Catalina de Siena - Esta religiosa era conocida por sus visiones milagrosas y su trabajo para ayudar a los enfermos y pobres. Hoy los visitantes pueden ir a un homenaje un poco macabro: más de 600 años después de su muerte, la cabeza de Santa Catalina sigue en exhibición en la BasÃlica de San Doménico. 6 de 12 | El Manto de TurÃn - Se cree que este manto fue con el que se sepultó a Jesús, pero la ciencia sugiere que no fue asÃ. La datación de carbono indica que pertenece al siglo XIII o XIV. 7 de 12 | El velo de Verónica - La leyenda dice que Jesús estaba siendo llevado a la colina donde serÃa crucificado cuando Verónica lo encontró en el camino. Usó un trozo de tela para limpiarle el rostro de sudor y sangre, y supuestamente en el velo apareció la imagen del rostro de Cristo. La existencia del velo nunca ha sido probada o desmentida, pero hay muchas copias que dicen ser las reales. 8 de 12 | La corona de espinas - Según la Biblia, a Jesús le pusieron en la cabeza una corona de espinas antes de su crucifixión. Esta está en la Catedral de Notre Dame en ParÃs. 9 de 12 | La Lanza Sagrada - Según el evangelio de Juan, un soldado romano perforó el costado de Jesús con una lanza durante su crucifixión. Muchas reliquias que dicen ser la punta de esa lanza han surgido a través de la historia. También se le conoce como la Lanza del Destino y se dice que tiene poderes sobrenaturales. 10 de 12 | El Sudario de Oviedo - Sudario significa "tela para el sudor" en latÃn, y este es un trozo de tejido con sangre que supuestamente se usó para rodear la cabeza de Jesús después de su crucifixión. Hoy la reliquia permanece en la Catedral de San Salvador en Oviedo, España. 11 de 12 | La Sancta Camisia - Chartres alberga una de las catedrales góticas más impresionantes de Europa. La iglesia también alberga una de las reliquias más veneradas del Cristianismo: la Sancta Camisia. Se dice que la túnica fue usada por la Virgen MarÃa cuando dio a luz a Jesús. 12 de 12 | La Cabeza de Santa Catalina de Siena - Esta religiosa era conocida por sus visiones milagrosas y su trabajo para ayudar a los enfermos y pobres. Hoy los visitantes pueden ir a un homenaje un poco macabro: más de 600 años después de su muerte, la cabeza de Santa Catalina sigue en exhibición en la BasÃlica de San Doménico.
Además, Samaria tenÃa otro nombre: Siquem. En Siquem, la hija de Jacob, Dinah, es violada o seducida por el prÃncipe local. En Siquem vive el juez asesino Abimelech. Si somos la persona en la zanja, y vemos al samaritano, lo que primero vamos a pensar es: "Me va a violar, me va a matar".
Entonces nos damos cuenta: nuestro enemigo puede ser la misma persona que nos salvará. De hecho, si simplemente preguntamos "¿dónde está Samaria hoy?" Podemos ver la importancia de esta parábola para la crisis israelÃ-palestina.
La parábola de los trabajadores del viñedo
Esta parábola cuenta la historia de una serie de trabajadores que vienen en diferentes puntos del dÃa, pero el dueño les paga la misma cantidad. La parábola a veces se lee con un lente antijudÃo, de modo que los primeros contratados son los "judÃos" que resienten a los gentiles o a los pecadores que entran en la viña de Dios. Eso son tonterÃas de nuevo.
Los primeros oyentes de Jesús no escucharon una parábola sobre la salvación en el más allá sino sobre la economÃa en el presente. Escucharon una lección sobre cómo los empleados deben hablar en nombre de aquellos que carecen de un salario diario.
También descubrieron un mensaje para las personas con recursos: asistan a aquellos que no tienen trabajo, y asegúrense de que todos tengan lo que necesitan.
Jesús no inventa esta idea de abogar por los desempleados y compartir recursos. Las mismas preocupaciones ocurren en la tradición judÃa desde el rey David hacia adelante.
Pero, a menos de que conozcamos las fuentes bÃblicas e históricas, malinterpretaremos la parábola.
La parábola de la perla de mucho valor
Esta parábola describe a un hombre que vende todo para obtener su preciada perla. Por lo general, se entiende como una alegorÃa para hablarnos acerca de la centralidad de la fe, o la Iglesia, o Jesús, o el Reino de los Cielos. Pero los comentaristas no se ponen de acuerdo sobre lo que significa la perla. Tal vez están buscando en el lugar equivocado.
No reconocemos lo absurdo de la parábola: el comerciante (un mayorista que nos vende lo que no necesitamos a un precio que no podemos pagar) vende todo lo que tiene por una perla.
No puede comerla, ni sentarse en ella, no se puede cubrir con ella, pero piensa que tenerla lo hará sentir satisfecho.
¿Y si la parábola nos desafÃa a determinar nuestra propia perla de gran precio? Si conocemos nuestra máxima preocupación, nos preocuparemos menos por los objetos. No vamos a preocuparnos por las cosas pequeñas. Es más, seremos más capaces de amar a nuestros vecinos, porque sabremos lo que es más importante para ellos.
Los cuentos cortos de Jesús nos provocan porque nos dicen lo que, de alguna manera, ya sabemos que es verdad, pero no queremos reconocerlo.
No soy cristiana, pero escucho mensajes profundos en estas parábolas. Si yo como una extraña puedo estar tan conmovida por las historias de Jesús, seguramente las personas que lo adoran como Señor y Salvador pueden apreciarlas aún más.