Nota del editor: Aaron David Miller es vicepresidente y un distinguido investigador del Centro Internacional de Investigación Woodrow Wilson y es autor de 'The End of Greatness: Why America Can't Have (and Doesn't Want) Another Great President'. Actuó como negociador en Medio Oriente durante gobiernos demócratas y republicanos. SÃguelo en Twitter en @aarondmiller2. Las opiniones en este artÃculo son de su propia responsabilidad.
(CNN) - El decreto sobre la prohibición de viajes firmado este lunes por el presidente Donald Trump es un esfuerzo para evitar los inconvenientes que enfrentó el último, bloqueado por los tribunales, y sobre todo para conseguir que se implementara algo. Pero todavÃa no responde del todo a las amenazas que enfrentamos.
¿Mejor que el último?
Claramente, el fallido despliegue y la naturaleza radical del decreto inicial le generaron una reacción negativa casi universal en el paÃs y en el extranjero con bases legales, constitucionales y de seguridad nacional.
De hecho, teniendo en cuenta ese despliegue inicial en enero, los documentos filtrados del Departamento de Seguridad Nacional han minado aparentemente la razón de seguridad para el decreto original. Y, por lo tanto, el propósito estratégico de esta nueva versión parece ser evitar los desafÃos judiciales que podrÃan paralizar su destino al igual que el primero.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. (Crédito: Alex Wong/Getty Images)
Este nuevo decreto evita restringir la entrada de residentes permanentes legales. Evita mencionar cualquier preferencia por las minorÃas religiosas que puedan sugerir discriminación; permite un plazo de implementación que evite la confusión y el caos de las personas que viajan o se preparan para hacerlo de forma inminente, y deja por fuera una de las disposiciones más controvertidas del decreto anterior, la restricción en contra de los iraquÃes, ya que son aliados y clave en la lucha contra los yihadistas de ISIS.
El nuevo decreto también reduce las restricciones a un programa separado para los refugiados sirios, y permite que viajen aquellos con visas válidas. Es probable que haya un recurso judicial contra esta última disposición gubernamental, pero tal vez tenga más posibilidades de ser mantenida e implementada. Asà mismo, es factible que encuentre más apoyo tanto del público como del Congreso.
¿Por qué hacerlo en primer lugar?
Incluso en su forma enmendada, el nuevo decreto parece ser una solución diseñada para abordar un problema que no tenemos. Los crÃticos (yo incluido) han argumentado que mirar los datos desde el 11 de septiembre conduce a la conclusión ineludible de que la amenaza real a la patria estadounidense no viene como resultado de la acción de los recién admitidos en Estados Unidos como refugiados, o con visas de inmigrante o no inmigrante, sino de la de yihadistas que han sido radicalizado aquà y son ciudadanos estadounidenses o residentes legales permanentes.
Como lo ha demostrado mi colega en CNN y analista de terrorismo Peter Bergen, de los doce terroristas que han llevado a cabo ataques mortales desde el 11 de septiembre, en los que han muerto 94 estadounidenses, ninguno emigró o nació de una familia emigrada de cualquiera de los paÃses señalados en el decreto original.
Y desde 1980, cuando se implementó la Ley de Refugiados, ningún individuo admitido como refugiado ha estado implicado en un ataque terrorista fatal aquà en casa.
Uno tiene que preguntarse cómo cualquier nuevo procedimiento de investigación puede descubrir, en el caso de niños pequeños o aquellos que aún no han nacido de familias admitidas en Estados Unidos, que una persona se pueda radicalizar o ser influenciada por la propaganda yihadista en el futuro.
¿Qué se supone que debe hacerse?
Presumiblemente, el gobierno de Trump, que salió muy quemado tras el anuncio del decreto original, no está buscando una pelea y quiere cumplir la promesa de campaña del presidente de restringir y endurecer estándares para la admisión, con su "extrema" investigación. Pero lo que esto realmente significa y qué tipo de nuevos procedimientos podrÃan desarrollarse en el perÃodo intermedio de cuatro meses en que se suspenderá la admisión de refugiados no está del todo claro.
Un enfoque podrÃa ser un esfuerzo para exigir más documentación de lugares como Siria, donde no hay un gobierno central y donde la guerra civil ha hecho que la verificación sea más complicada, a veces imposible. Sin embargo, la investigación sobre los refugiados sirios ha demostrado hasta ahora ser bastante eficaz. No es necesario creer en las teorÃas de conspiración para preguntarse si el propósito estratégico del ejercicio del decreto no es simplemente suspender la inmigración de paÃses que causan preocupación, sino que está dirigido a desarrollar criterios que estos paÃses no pueden o no querrán cumplir.
Durante su discurso ante el Congreso, el presidente Trump se refirió a la importancia de no permitir que se creara una cabeza de playa para el terrorismo en Estados Unidos. La forma en que lograrÃa esto sin algún tipo de prueba de lealtad seguramente serÃa inconstitucional (diferente al juramento de ciudadanÃa con el que los ciudadanos estadounidenses se comprometen a defender la Constitución) y no está clara. Eso sugiere que el gobierno puede querer desarrollar nuevos procedimientos que hagan mucho más difÃcil la inmigración desde los seis paÃses integrantes de esa lista.
¿Es realmente necesaria una mejora en la investigación?
El hecho es que vivimos en la era del terror yihadista. El 11 de septiembre fue uno de los dÃas más sangrientos de la historia de Estados Unidos. Y hay grupos terroristas como al Qaeda en la PenÃnsula Arábiga que participan activamente en la planificación de más ataques terroristas en suelo estadounidense. La vigilancia debe ser constante y las revisiones regulares de nuestros procedimientos de seguridad son fundamentales. Pero cualquier cambio que se haga debe ser diseñado para hacernos más seguros, no menos. El decreto enmendado no parece hacer esto. PaÃses como Afganistán, Pakistán y Arabia Saudita deberÃan estar en la lista de paÃses preocupantes, pero no lo están. Además, hay costos y desventajas incluso para esta modificada iniciativa del Ejecutivo.
Pero mucho más grave, dada la retórica del presidente sobre la prohibición de los musulmanes durante la campaña, es la probabilidad de que enajene y estigmatice a los tres millones de estadounidenses de fe musulmana cuyo apoyo y cooperación es de vital importancia para abordar la amenaza real de que los datos demuestran que sà enfrentamos: el terrorismo yihadista de cosecha propia.