Durante una incursión marina nocturna, un delfín se aproximó al buzo Keller Laros, que se percató de que el delfín se encontraba mal y le hizo señas para que se acercara.

El delfín lo comprendió.

La aleta izquierda del delfín había quedado atrapada en una red de pesca, y se le había quedado un gancho dentro. Mediante unas tijeras, Laros pudo liberar al delfín.