El autor es sociólogo y comunicador.
¡No es más que un hasta luego, Songo del alma…!
Te ha tocado el turno de la partida a la morada eterna.
El Divino Creador asà lo quiso y como hijo agradecido, sin ocultar tu sonrisa de siempre y la humildad que proyectaste, hoy te encaminas al ineludible encuentro.
Pero la sublimidad de tu exquisita voz continuará envolviéndonos a ritmo del bolero, merengue y son, como emblema de talento envidiable que eleva el verdadero orgullo nacional.
No hay espacio para la congoja y la tristeza ante la partida de un ser humano que nació, vivió y continuará incitando a irradiar y compartir la alegrÃa, en un paÃs donde a pesar de los pesares, se puede.
Eres una auténtica reserva musical, cuya sonoridad impone evocar la versatilidad de tu creatividad, el contagio danzarino de tus composiciones y la apasionante lÃrica que empina y enaltece el alma humana.
Francis, El Songo por y para siempre, cómo olvidar tu romanticismo.
Tu amistad sincera y ejemplarizante.
Inadmisible serÃa ignorar cuántas facetas y ocurrencias fuiste capaz de adoptar en ánimo de compartir sin lÃmites en las incontables tertulias donde la risa, la carcajada y el sano esparcimiento de los contertulios se hacÃa un imperativo.
Cómo olvidar el matiz y la picardÃa que imprimiste a tus narraciones, cuentos y chistes en aquellos encuentros donde brotaba la camaraderÃa y la grandeza de los corazones nobles.
Ha llegado la hora de la inexorable partida, pero nunca del olvido.
Francis, allá como acá, continuarás junto a los tuyos, con quienes tendrás el honor y la gloria de compartir en un espacio privilegiado junto al Todopoderoso.
Tu vida y tu ejemplo como ciudadano y artista te hacen merecedor de un envidiable lugar en el Olimpo de los gigantes para descansar en paz sin dejar de ser faro de alegrÃa.
Francis, El Songo, hermano querido, no te extrañaremos porque, sinceramente, siempre estarás entre nosotros.
Y que conste, no dejaste espacio vacÃo, porque tu nuevo andar por los senderos del Gran Creador, sólo implica un hasta luego.
¡Songo, vete en paz, que Papá Dios, bondadoso, justiciero y con sus hijos generoso, te admira y protege...!
¡Eso sÃ, Francis, recompénsalo con tu sublime voz y tu contagioso Son de la Felicidad...!
El autor es sociólogo y comunicador.